V Domingo de Cuaresma

V Domingo de Cuaresma

Dom, 11 Mar 18 Lectio Divina - Anno B

En este V Domingo de cuaresma el Evangelio de San Juan nos presenta un episodio muy importante, ya que nos estamos muy cerca de la celebración de la Pascua que es el centro de todo el relato. Jesús habla del grano de trigo que, sembrado en tierra, muere y produce mucho fruto. Ese grano es Él mismo, que se ha hecho pan, para ser partido y comido en la Eucaristía. De esta manera nos muestra el amor tan grande que tiene por cada persona.

Que de la Eucaristía nazca el servicio de caridad para con el prójimo. Jesús Eucaristía nos conceda la gracia de transformar nuestra vida para ayudar a quien lo necesita, aumente nuestra fe en Él que se entregó por todos.

Estamos al final del “Libro de los signos” ya se  está perfilando el encuentro entre la clase dirigente y Jesús.

Jesús se aproxima a ofrecer su vida y nos explica que así como el grano de trigo muere en la tierra para producir fruto, así nosotros debemos estar dispuestos a donanrnos por los demás aun con sacrificio. El sufrimiento aceptado libre y generosamente: es Jesús que afronta  la muerte con firme decisión, en total libertad, llevando su compromiso por el ser humano hasta las últimas consecuencias. No le quitan la vida, aunque siente angustia, la entrega libremente, consciente de los frutos que producirá.

El momento que se acerca es la Hora, la hora de la entrega la hora del dolor, la que ha ido caminando, actuando y enseñando desde la Encarnación. La Hora de la Redención universal, por el sufrimiento y por la glorificación momento en que el Cordero de Dios inaugura la Alianza definitiva. La Hora no es momento de fracaso, sino de triunfo que manifiesta la gloria de Dios y manifiesta la fecundidad del amor simbolizado en el grano de trigo. Lo negativo de la muerte deja de serlo por el triunfo de la vida que surge.

A quienes le buscan Jesús invita a sumergirse en su pasión. Tener los ojos fijos en Él. Su entrega y generosidad en la Hora y a responder dándolo a conocer a otros, con su entrega generosa.

El Evangelio siempre nos pide un cambio y un compromiso, si miramos como está la sociedad hoy día, encontramos ese mundo malo del que habla Juan, donde cada vez hay menos interés por vivir como nos ha enseñado Jesús, donde se pierde fácilmente el estímulo por ser solidario con los más pobres, un mundo que le es difícil amar y entregarse incondicionalmente al prójimo de la forma como Jesús nos ha pedido, una sociedad olvidada de orar. Entonces nos preguntamos ¿Qué frutos se pueden esperar con esta forma de vida? Para dar buenos frutos, hace falta entregarse como semilla, hace falta comprometerse por lo que uno cree, entonces si queremos dar fruto, debemos ser capaces de darnos, de entregarnos, de morir por aquello que estamos convencidos que es bueno.

A los cristianos se nos exige abrazar la vida de Jesús, renunciando a nosotros mismos en el servicio. “Servir” y “seguir”, son dos verbos que expresan nuestra vivencia de cristianos: se sirve al Señor y se sigue al Señor y si seguimos a Cristo en todo momento y en todas las circunstancia, muriendo con Cristo, también seremos glorificados con Él. Así es, como el premio a este “servicio” y “seguimiento” a Cristo, será como nos anuncia El mismo: será honrado por mi Padre"

 

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